Anime

Reseña | Enter the Anime

Ya vimos el documental explorando el mundo del anime, pero de una manera que nos deja mucho que desear. Enter the Anime

Cuando me enteré que Netflix haría un documental sobre el mundo del anime y las geniales mentes que están detrás de él, me emocioné mucho. Las mentes del anime, ofrecía un recuento introspectivo y profundo del anime, así como de los diferentes aspectos que inspiran y motivan a sus creadores, además de conocer y valorar los esfuerzos técnicos y creativos de este maravilloso mundo. Nada más lejano de la verdad.

Las mentes del anime (Enter the Anime), termina siendo un medio documental de Netflix, de aproximadamente una hora de duración. La directora Alex Burunova realiza este documental desde la perspectiva de las producciones de Netflix como punto de partida para hablar de este subgénero de la animación nacido en Japón y exportado al resto del mundo.

El programa arranca bien, y es que la directora, quien no sabe mucho o nada de anime, decide hacerse una pregunta: ¿Qué es el anime?. Asimismo, en sus primeros 5 minutos, el medio documental también aborda una interesante contradicción, pues la sociedad y cultura japonesa es tranquila, respetuosa, controlada y amante de la naturaleza; por ello, es muy curioso que el anime cuente historias violentas, sexualizadas, sangrientas, bizarras y retorcidas, que no encajan con su sociedad, y mejor aún, tienen aceptación y seguidores. Además, la directora hace un paneo general de las influencias y subculturas, por las que se mueve la juventud japonesa. Todo esto, va ocurriendo a buen ritmo durante los primeros 8 o 10 minutos.

Las mentes del anime, sigue el paso de la directora por Tokio, y en su recorrido se zambulle en las aguas niponas para reunirse con los principales creativos detrás de las producciones originales de anime de Netflix, y también de alguna que otra franquicia licenciada. De este modo, Burunova pretende responder a la cuestión de qué es el anime, con una ingenuidad intencionada para introducir la producción de animación japonesa a los espectadores occidentales menos familiarizados con este medio. Aunque, infelizmente, solo se queda en una pretensión, pues apenas sí logra arañar ligeramente la superficie de este basto universo.

Decepción total

Comencemos por el tiempo dedicado al documental, al ver que éste solo duraba menos de una hora, mi desilusión fue instantánea, pues cómo intentar develar los entre-telones de un mundo tan grande, en solo 58 minutos. A esto se le suma que su directora y su equipo, no solo pretende ser ignorantes en el mundo del anime, sino que además lo son. Y esto es un problema muy, pero muy serio, puesto que dicha ignorancia repercute en las entrevistas, información y visualización del programa. Hay entrevistas que no tienen sentido alguno, y no por sus entrevistado, sino por las preguntas intrascendentes que se les hace. No nos importa que fue lo último que buscaron en Google, o dónde tienen sus ideas creativas, estas son preguntas corrientes y poco inteligentes que no se les hace a los genios del anime; y más aún, si solo serán 58 minutos de programa. Solo por poner un ejemplo.

Por otro lado, el medio documental, solo habla de los animes de Netflix, y no precisamente de los mejores de la plataforma, Saint Seiya y Ultraman, están en la lista, forzándonos a tener una percepción positiva sobre sus producciones más decepcionantes, desde sus creadores. Deja de lado, obras geniales como Devilman Cry Baby o Violet Evergarden o a la icónica Sidonia No Kishi, con la que Netfix se introduce en este mundo. Estas ni siquiera se mencionan. Y ni siquiera presentando sus animes, Netflix demuestra un planteamiento didáctico o que pueda ir más allá de la curiosidad, que de hacer desfilar a las personalidades detrás de estas series como una suerte de carnaval de “frikis” e inadaptados, pero no por ello, exentos de talento. Esto se deja ver con un montaje orientado a ensalzar y magnificar las extravagancias de personajes como Adi Shankar (productor de Castlevania).  

Me animé a ver: Run with the Wind

Pasa superficialmente (viéndolo con benevolencia) por las subculturas nipona, como las lolitas, pero no se hace referencia más que para decir que esta sociedad puede ser extraña, exótica o muy diferente a los occidentales. Asimismo, no se habla de los géneros y subgéneros del anime, sus raíces a partir del manga, el sentido de su irreverencia y anarquía moral y, sobre todo, de su influencia en el occidente y el porqué de su éxito. 

Las mentes del anime, nos deja la sensación de un planteamiento frívolo, planteado por alguien que es totalmente ajeno al mundo del anime, que no realiza una verdadera investigación, ni tampoco quiere hacer un ejercicio respetuoso y serio sobre el trabajo y el enfoque de los creativos (productores, animadores y directores). Finalmente, la pregunta de ¿Qué es el anime? es respondida con una intrascendente, típica, insípida y edulcorada reflexión cliché:

Lo que unifica al anime y lo hace especial es que nos hace parte de algo más grande que nosotros, que nos acepta en esta comunidad loca y nos hace sentir que no estamos solos. Hecho por inadaptados para inadaptados”.

¿En serio?, esta es una reflexión que podría aplicar a cualquier nicho o grupo minoritario de lo que sea.

Aspectos técnicos

Acá no hay mucho que decir. Su fórmula es atropellada, caótica y carece de un orden lógico. Es decir, demuestra que sus guionistas han cogido brutos de material y no han discriminado ni elegido bien acerca qué hacer con él. No hay una conclusión lógica ni un relato o discurso claro, más allá del de sublimar la idea de que el anime es exótico, outsider y rebelde. Las entrevistas no son homogéneas, y las tomas carecen de total interés, incluso aquellas que pretender explicarnos cómo se monta una escena de un anime.

Conclusión

Se puede decir que como documental, Las mentes del anime, es deficiente tanto en forma como en fondo. Lejos de explotar todo el potencial, la historia y tradición del anime, con sus géneros y subgéneros, técnicas de desarrollo, públicos objetivos, dinámicas de producción y un largo etcétera; la directora se dedica a hacer un muestrario de producciones originales de Netflix, lo cual expone el oportunismo mal maquillado de este mediometraje, dejando ver que la plataforma no ha tenido ni un poco de escrúpulo a la hora de plantear esta producción como un simple acto de publicidad de sus títulos.

Y para los que vieron el medio documental y se quedaron igual de decepcionados con la respuesta a la pregunta que ¿Qué es el anime?, les diré que el anime es un arte, una escuela de animación con casi un siglo de vida, un medio de expresión, identifica a toda una cultura y la comparte con el mundo; y que se da la libertad de tratar sin censura, todos los temas posibles e imposibles, que giran en torno a la humanidad o a todo lo que tiene vida, con inteligencia y profundidad. Es obvio que este documental, no esperaba llegar a esta conclusión.  

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