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Reseña | Joker

Send in the Clowns, ya vimos Joker y te compartimos nuestra reseña.

Send in the Clowns, ya vimos Joker y te compartimos nuestra reseña.

En tanto en cuando ocurre un acto de homicidio colectivo reaparece la justificación moral de que una pieza de arte incita a la violencia y es directamente responsable por las acciones de uno o más psicópatas. Debido a que estos ocurren tan seguido en los Estados Unidos -especialmente entre jóvenes- el discurso reincide buscando apuntar culpables en la industria del cine, la música y los videojuegos.

Nunca son los sistemas de salud, el fácil acceso a armas o el abuso infantil dentro de los hogares de los asesinos. Los organismos sociales y gubernamentales obtienen licencia de omisión una y otra vez.

Cuando el director Stanley Kubrick estrenó A Clockwork Orange en el Reino Unido en 1971, hubo varios incidentes que emularon la violencia en pantalla – el más terrorífico fue el caso de una mujer de 17 años que fue atacada por un grupo de hombres al canto de Singing in the Rain, en paralelo con una de las escenas más icónicas del filme. Fue la decisión de Kubrick retirar la película de salas y prohibir su exhibición hasta el día de su muerte. Y a pesar de este acto de censura voluntaria, el director rechazó firmemente la noción de que una obra de arte en la cultura popular pudiese crear a un psicópata cuando no existía antes. Desafortunadamente, el artista no tiene control sobre lo incendiario que puede resultar su obra en una psique perturbada y los crímenes que se llegan a cometer. Pero nunca se le puede responsabilizar por la acción de otros.

Joker se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia (donde, curiosamente, ganó el León de Oro a Mejor Película) junto a una ola de controversia y paranoia mediática, sobre todo de los medios estadounidenses. La más reciente propuesta de DC se enfocaría en el villano más emblemático del universo de Batman y sería ultraviolenta, glorificando su espíritu anárquico y, subversivamente, omitiendo ese contrapeso que ofrecería una resolución moralista. Seguro, las audiencias serían incapaces de procesar dicha propuesta.

Es impresionante la burbuja de histeria que se percibe en redes sociales, asociando una película que aún no ha sido estrenada comercialmente con tendencias misóginas, como la fantasía “incel” (palabra derivada de celibato involuntario y referente a un grupo de hombres que justifican la violencia contra las mujeres que los rechazan sexualmente). Simplemente, no hay fundamentos para asegurar que Joker le da voz a ningún grupo terrorista. El mensaje de la cinta es aparente casi desde su inicio, todos somos cómplices de la violencia en nuestra sociedad y no es más que cuestión de tiempo para que un individuo trastornado, con nociones de grandeza, tome un arma y cometa una atrocidad.  

Joker es una historia de origen que no se basa en ningún material previo y que se toma su tiempo antes de presentarnos al villano que todos conocemos y reconocemos de previas interpretaciones. Aunque es aparente, con su risa incontrolable y maquillaje de payaso, que Arthur Fleck se convertirá en el Guasón, es difícil verlo al inicio como un maquiavélico agente del caos. Su apariencia raquítica y frágil estado mental solapan mediante la noción de un paciente psiquiátrico que solo se ha defendido de todos aquellos que le han hecho daño.

Si el primer acto de Joker fuese indicativo del resto de la cinta, lo veríamos como una obra simplista en tributo al cine de los años setenta, específicamente al de Martin Scorsese con su Taxi Driver y The King of Comedy. Pero una vez que la historia introduce una inesperada conexión con la familia Wayne, observamos un subtexto intrigante con relación a traumas familiares. De este vínculo aparece la posibilidad de una relación más profunda, no solo con Bruce Wayne (quien aquí aparece como un niño) sino con la evolución de Fleck a un demagogo del anti-establecimiento. Cabe mencionar que no hay héroes en esta historia y quizás eso sea lo más transgresor para audiencias modernas. Cuando el villano propiamente hace su aparición en televisión -para el “talk-show” de Murray Franklin- sabemos que Fleck se ha convertido en la proyección de todos nuestros miedos, el de alguien que busca irrumpir la tranquilidad farisaica de una sociedad privilegiada.

Joaquin Phoenix es espectacular en el rol, apareciendo en prácticamente todas las escenas y brindándonos otro intenso retrato de un individuo perturbado (espero que esta película inspire a más audiencias a descubrir su tremendo trabajo actoral en You Were Never Really Here, mi película favorita del año pasado). Son los detalles del personaje, como su risa incontrolable que hiere su garganta o su completa disociación con el humor de otros, que lo distinguen de otras versiones.

Joker representa una intrigante dirección para DC en un universo cinematográfico reciente que ha gozado de modestas altas (como Wonder Woman) y tremendas bajas (como Justice League y Suicide Squad).

Si se buscan menos cintas evento para competir con Marvel e introducir provocativas historias que rompan con el patrón de maquila en el género de superhéroes, pues que mejor. Especialmente si están tan bien realizadas como ésta. 

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